Hay momentos en una carrera que funcionan como un punto de quiebre.
Momentos donde todo lo que venías construyendo de repente se encuentra con una oportunidad inesperada.
Para mí, uno de esos momentos fue en noviembre de 2013, cuando tuve la oportunidad de abrir el concierto de Justin Bieber en Paraguay.
Antes de ese escenario
En ese momento yo estaba formando parte de un dúo junto a mi hermano Giuliano llamado Noi.
El nombre venía del italiano y significaba «nosotros».
Hoy me genera una sonrisa recordarlo, pero en ese momento representaba perfectamente lo que estábamos viviendo: dos hermanos intentando construir algo juntos.
El proyecto duró aproximadamente seis meses, pero fueron seis meses de muchísimo trabajo.
Grabamos, producimos, promocionamos y buscamos una identidad propia en un momento donde la industria musical estaba atravesando una transformación enorme.
Un cambio de época
2013 fue una época bisagra.
Todavía existía una fuerte cultura alrededor de los discos físicos, las radios y la televisión, pero al mismo tiempo empezaba a crecer una nueva forma de consumir música.
YouTube tomaba cada vez más protagonismo.
Spotify empezaba a cambiar la manera de descubrir artistas.
Las redes sociales comenzaban a convertirse en una herramienta fundamental.
Nosotros lanzamos un disco llamado Imagino, con una propuesta de pop, baladas y pop rock.
En ese momento la competencia digital todavía no tenía la dimensión que tiene hoy, y eso permitió que nuestro material encontrara espacios importantes.
Las canciones empezaron a sonar en radios.
Aparecieron notas de prensa.
El proyecto empezó a tener movimiento.
Y ahí apareció algo que con los años confirmé muchas veces:
La oportunidad llega más fácil cuando ya estás preparado para recibirla.
La llamada inesperada
Ese año llegaba Justin Bieber a Paraguay con el Believe Tour.
La productora García Group estaba encargada del concierto en el Jockey Club.
Y, de alguna manera, nuestro trabajo llegó hasta las personas indicadas.
Fuimos seleccionados por el equipo de producción y por el equipo ejecutivo del artista para ser la banda soporte.
Era nuestro primer concierto realmente grande.
No era solamente tocar una canción.
Era presentarnos frente a un público masivo.
Un formato diferente
Algo que hacía especial ese momento es que nosotros no éramos solamente un dúo con guitarra y voz.
Teníamos una banda completa.
Músicos invitados.
Instrumentistas.
Un show armado para defender las canciones en vivo.
Y esa fue una de las primeras grandes enseñanzas:
La canción tiene que funcionar fuera del estudio.
Podés tener una gran producción grabada, pero arriba del escenario necesitás poder sostenerla.
Frente a más de 20.000 personas
Subir al escenario del Jockey Club frente a más de 20.000 personas fue una sensación difícil de explicar.
Era la primera vez que sentía algo muy particular:
Escuchar al público cantar nuestras propias canciones.
Esa conexión que uno imagina cuando escribe una canción, pero que pocas veces tiene la oportunidad de vivir.
La música dejó de ser algo que solamente estaba dentro de un estudio o una computadora.
Estaba pasando en vivo.
Con personas reales cantando algo que nosotros habíamos creado.
Un momento inesperado
El concierto también tuvo una situación bastante particular.
En esa época Justin Bieber estaba atravesando un momento muy mediático y su llegada al escenario se retrasó.
Nosotros teníamos preparado un show de aproximadamente treinta minutos.
Pero como todavía no estaba listo para salir, desde producción nos indicaron que continuemos.
Entonces seguimos.
Y seguimos.
Terminamos haciendo casi una hora de show.
Ahí pasó algo que nunca me voy a olvidar.
Dan Kanter, guitarrista de Justin Bieber y director musical de su banda durante esa etapa, se quedó mirando nuestro show desde un costado del escenario.
Incluso se sacó una foto con nosotros tocando de fondo.
Para una banda joven que estaba viviendo su primer gran escenario, ese gesto significó muchísimo.
La importancia de estar listo
Mirando hacia atrás, creo que esa oportunidad no apareció solamente por una canción.
Apareció por una suma de cosas.
Tener material publicado.
Tener un proyecto armado.
Tener presencia en medios.
Tener una banda preparada.
Tener la valentía de aceptar un desafío enorme.
Porque una oportunidad así no te da tiempo para empezar a prepararte.
Cuando llega, solamente podés demostrar lo que ya construiste.
Ese día aprendí algo
Abrir un concierto para un artista internacional no se trata solamente de compartir escenario con alguien famoso.
Se trata de entender que, aunque el escenario sea más grande, la responsabilidad es la misma:
Defender tus canciones.
Conectar con la gente.
Y estar preparado para cualquier situación.
Ese día fue mi primera experiencia frente a un público masivo.
Y también fue una confirmación de algo que sigo creyendo hasta hoy:
Las oportunidades aparecen, pero hay que estar listo para subir al escenario cuando llegue tu turno.
También disponible en inglés.
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